EL CUARTO Oscar Fisher fue encarcelado en Auschwitz durante su adolescencia. Sobrevivió al Holocausto pero sus padres y sus cuatro hermanos fueron asesinados. La hija de Oscar, Debra Fisher, lo recuerda. -Mi padre es un sobreviviente del Holocausto. Sobrevivió en el mismo campo de concentración que Elie Wiesel. Eran de la misma edad. Cuando mi papá estaba vivo, en la escuela yo leía La Noche. Yo tenía catorce años... fui a mi padre y dije "Estoy leyendo este libro, ¿es este el mismo Auschwitz? Porque esto es horrible". Y mi padre dijo, "Oh no, es otro Auschwitz". Y por mucho tiempo yo realmente pensé que hubo dos. El Auschwitz de mi padre era un Auschwitz más amable y tierno. Nunca hubo un momento en que hubiera gente muriendo frente a él. Lo peor sucedió esa primera noche. Mataron a sus hermanos y mataron a sus padres, y a partir de ese momento, fue un grupo de muchachos tenaces y tomaron el control. Robaron pan y agua y lo escondieron debajo de sus "pijamas rayadas" como él les llamaba. Era casi como si Robin Hood y los fugitivos de los bosques de Sherwood se encontraran con los nazis en el Auschwitz de mi padre. Y esa es la historia que nos contó. Pero cuando él estuvo muy, muy enfermo en el hospital y supe que yo lo estaba perdiendo, me di cuenta que no había vuelta atrás y que si no actuaba, no podría volver al momento en que tenía acceso a sus recuerdos. Y esta vez, estaba muy cansado y no se sentía bien. Y dije, "Tengo que preguntarte sobre tu tiempo allí en Auschwitz. Tengo que hacerte algunas preguntas, papá. Es importante". Y lo recuerdo mirándome con verdadera ira en su rostro y en sus ojos. l dijo, "Sabes, Debbie, desde pequeña, siempre has hecho tus preguntas. Y siempre te he dicho: teníamos comida, teníamos pan, lo compartíamos, no sufríamos. Estaba bien. Y sigues molestándome y haciéndome la pregunta. Y te sigo diciendo, como si estuviera en un cuarto, "Vete. Deja de tocar la puerta, no quiero dejarte entrar en este cuarto". Y, sin embargo, sigues viniendo y diciendo: "Déjame entrar". Y dijo, 'Entonces, voy a pedir que te vayas una vez más, y si vuelves a tocar la puerta, te dejo entrar. Pero si te dejo entrar en este cuarto, nunca podrás irte. Entonces, ¿quieres volver a tocar la puerta y entrar? Y dije, "Sí, papá. Quiero hacerlo". Y estaba llorando, y recuerdo que tenía las mantas sobre su cuerpo porque estaba muy flaco y muy, muy débil. Y tiró las mantas como si estuviera derribando una puerta. Y dijo, "Bueno. Entra entonces. Entra en un cuarto del que no puedas salir. Adelante". Y dije, "¿Puedo hacerte mis preguntas?" Y dijo, "Estás en el cuarto. Pregunta lo que quieras". Y le pregunté todo lo que siempre quise preguntar. Le pedí que contara la historia real. Y lo hizo. Fue doloroso y aterrador y repugnante. Sentí que una parte de mí murió. Y tiene razón, una vez que estás en ese cuarto, no puedes salir de él, siempre está contigo.